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Antes de nada consultamos a la gente si quería
una cena tradicional o por el contrario nos dejaban
organizar una cena temática y participativa,
donde en vez de platos y cubiertos tendrían
que llevar un casco con dos cuernos y comer con las
manos, curiosamente todo el mundo estaba de acuerdo
en lo de hacer una cena de guarrindongadas y desmadre.
El
primer contratiempo que tuvimos fue el encontrar una
treintena de cascos vikingos, está claro, en
época de crisis los cuernos se consumen más
porque la gente va menos al cine, así que tuvimos
que tirar de ingenio y acabamos con cuernos, pero
de Reno con cascabeles. Además había
que decorar la Peña, así que diseñamos
una pancarta de cuatro metros que nos serviría
para que todo el mundo quedase inmortalizado, realizamos
vasos de barro conmemorativos del evento que la gente
posteriormente se llevo a sus casas, escribimos el
pregón navideño y algunas sorpresillas
más.
Sentados
ya a pensar el menú, decidimos que la cena
no debía pasar de 15 € y a la vez ser
algo espectacular y sobre todo abundante, lo importante
es juntarse lo demás es secundario, así
que optamos por entremeses fríos y calientes,
y txuletones a la brasa, sorbete de limón,
tartas, café y copas.
La
cena la abrieron Jose y Mar que leyeron el Pregón
de Navidad y dieron la bienvenida a todos los amigos
allí presentes, después cada uno en
su sitio y un no parar de platos, 4 kg de langostinos,
210 brochetas frías, 2kg de fritos de calamar,
4 kg de esparragos, 150 endibias rellenas de hongo
y ensaladilla, 120 tartaletas de jamón, 2 kg
de txistorra, 10 kg de txuletón, 8 kg de pollo,
1kg de pimientos del piquillo, 6 hogazas de pan, 17
litros de vino, 15 litros de sorbete, cinco tartas,
cafes, copas y puros.
Tras
una opipara cena y una larga sobremesa llena de cachondeo,
llegó la sesión fotográfica de
rigor, todo el mundo quería inmortalizarse
para poder decir "yo estuve en la 1ª Vikingada"
antes de abandonar el barco. Después nos dirijirmos
al Ayucar donde continuamos con una fiesta casi privada,
bailamos, echamos unos cubatas, bebimos en vaso de
cuerno, nos reimos y disfrutamos hasta las cinco de
la madrugada.
Agradecer
a toda la gente que participó en la vikingada
por dejar por una noche la verguenza en casa, por
reirse de si mismos, por ser tan participativos, por
pasarlo bien y hacerselo pasar bien al resto, y en
especial a aquellos que el domingo se levantaron de
la cama para acudir a la sociedad Bardenas Reales
a ayudarnos a terminar los chuletones y otras viandas
que habían sobrado, pero ese ya es otro tema.
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